[Traducción] Esclavitud legal en el siglo 21 – GentleWorld.

Mientras que el ‘bienestar animal‘ ha sido una preocupación de muchas civilizaciones en la historia mundial, sus orígenes en la civilización occidental moderna se remontan a la Gran Bretaña de principios del siglo XIX, con la filosofía utilitarista de Jeremy Bentham y el establecimiento de la ‘Royal Society for the prevention of Cruelty to Animals‘ en 1824. Desde entonces, han sido creadas miles de organizaciones en torno al ‘bienestar animal‘, con incontables intentos y miles de millones de dólares utilizados en aprobar leyes y regulaciones para proteger a los animales no-humanos de la ‘crueldad innecesaria‘.

En 1975, el filósofo utilitarista Peter Singer rejuveneció el movimiento de ‘bienestar animal‘ de hace 150 años con su libro ‘Animal Liberation‘, que contrasta las diferencias, a menudo extremas, entre las prohibiciones de ‘bienestar animal‘ contra la ‘crueldad innecesaria‘ o ‘gratuita‘ y la dura realidad de la crueldad cotidiana, sistemática e innecesaria infligida a decenas de miles de millones de animales anualmente en la agricultura, y millones de animales en experimentación, entretenimiento y moda. El libro ‘Animal Liberation‘ fue un llamado a tomar en serio el ‘bienestar animal‘, es decir, la regulación de la explotación de los animales industrializados.

En los 35 años transcurridos desde que fue publicado ‘Animal Liberation‘, organizaciones como People for the  Ethical Treatment of Animals (PETA) han tratado de disminuir esta enorme brecha entre los objetivos del ‘bienestar animal‘ y la realidad de la ‘crueldad innecesaria y gratuita‘ tan omnipresente en el uso de animales no-humanos. Su enfoque combina campañas para lograr diversas medidas de ‘bienestar‘ con intentos de fomentar la reducción del consumo de productos de origen animal. Hasta ahora, los resultados de estos esfuerzos han sido devastadores. Desde 1975 hasta el 2007, el consumo de carne solo en los Estados Unidos aumentó del 178 libras a 222 libras por persona, es decir, un aumento del 25%. Durante estos años no se han implementado leyes de ‘bienestar‘ relevantes, mucho menos han sido aplicadas, además, existen innumerables videos y relatos de testigos presenciales que dan cuenta de violaciones rutinarias de estas leyes de bienestar. Torturamos y matamos a más animales que nunca en la historia humana, y de las formas más horribles que nunca hayan existido con anterioridad.

El problema: los animales como propiedades y productos. Los animales no-humanos son legalmente, propiedades, bienes y productos. Como un asunto legal de teoría y práctica, los dueños de propiedades, están protegidos por los ‘derechos de propiedad‘, que se encuentran entre los derechos más fuertes en la legislación angloamericana; por otro lado, los animales no-humanos, reconocidos como productos y mercancía, están ostensiblemente protegidos por ‘leyes de bienestar‘, que se violan rutinariamente y rara vez se aplican.

En su libro de 1995 ‘Animals, Property and the Law‘, el estudioso y filósofo Gary Francione va a llamar a este enfoque dedicado al ‘bienestar animal‘ como ‘bienestarismo‘, del cual Francione va a identificar cuatro ‘componentes básicos e interrelacionados‘ (Animals, Property and the Law, P.26)

  • El bienestarismo sostiene que los animales no-humanos son propiedad.
  • Este ‘estatus de propiedad‘ justifica el trato hacía el resto de animales exclusivamente como medios para fines humanos.
  • La utilización de animales se considera ‘necesario‘, siempre que ese uso sea parte de una exigencia social ampliamente aceptada.
  • El concepto de ‘crueldad‘ será definido exclusivamente como la forma de utilización que interfiere o no facilita la explotación animal.

Dado que los animales no-humanos no solo son propiedad humana, sino que también productos y mercancia, la relación costo-eficiencia para criarlos y asesinarlos (por miles de millones) se considera uno de los factores más importantes a la hora de decidir qué prácticas facilitan la explotación. Dicho de otra manera, si una práctica industrial, no importa cuán cruel sea, logra reducir los costos de producción, dicha práctica está totalmente permitida y protegida por los derechos de propiedad de los propietarios.

El resultado del bienestarismo legal es que priorizamos incluso los más mínimos intereses económicos de los propietarios -que protegemos con poderosos derechos- en contra de los intereses cruciales de los animales no-humanos, que están protegidos sin derecho alguno. Teniendo en cuenta la presión económica enormemente competitiva para entregar los productos de origen animal a menores costos a una demanda pública cada vez mayor, no es de extrañar que el enfoque de ‘bienestar animal‘ para la protección animal haya fracasado miserablemente en proteger a los animales no-humanos de la extrema crueldad. Tampoco es de extrañar que el movimiento de ‘bienestar animal‘ no haya podido crear algún cambio significativo.

La solución: Ser honestos en cuanto al concepto de ‘necesario.  Hay una sola forma para reducir la gran cantidad y severidad de la crueldad infligida a los animales por la mano humana, y eso es cambiar nuestro concepto de aquello que es ‘necesario‘. En oposición directa a la definición entregada por el bienestarismo, nuestra definición, mucho más honesta, rechaza la idea de que necesitamos explotar animales en absoluto, dadas las alternativas a la utilización animal en todas las áreas, sin mencionar los beneficios de los aspectos dietéticos del veganismo para nuestra salud y el medioambiente. Este fundamento crucial (la voluntad de aceptar el hecho de que no tenemos la necesidad de utilizar animales en absoluto), facilita una comprensión completamente nueva, lo que nos lleva a:

  • Rechazar el estatus de propiedad de los animales y, por lo tanto, rechazar el estatus moral tradicional de los animales no-humanos como ‘cosas‘ o ‘productos económicos‘.
  • Entender al resto de animales también como personas, dentro de la comunidad moral.
  • Exigir el veganismo como la base moral, para cualquier movimiento que pretenda tomar en serio el asunto de los intereses de los animales no-humanos.

Los animales no-humanos son exactamente como nosotros en todas las formas moralmente relevantes. Incluso en diferencias moralmente irrelevantes, como la inteligencia conceptual, superan a los bebés y a muchos humanos con discapacidades mentales. Como cualquiera que haya estado rodeado de animales puede confirmar, son capaces de experimentar miedo aterrador, dolor insoportable, soledad extrema, aburrimiento, frustración, placer, alegría, deleite, curiosidad, satisfacción, comodidad, amistad, y aparentemente, incluso amor.

Si bien es cierto que los animales no-humanos puedan carecer de ciertas capacidades, como imaginar el concepto de ‘muerte‘ tal como lo entiende un ser humano adulto promedio, es dolorosamente obvio que ellos poseen un interés abrumador en continuar viviendo y en llevar una vida satisfactoria. Esto queda claro, no solo por la evidencia de su sensibilidad, y vida emocional, sino además por la forma en que luchan desesperadamente para evitar la muerte y permanecer vivos, a menudo incluso dispuestos a desprenderse de sus propias extremidades para escapar de una trampa.

Es nuestro especismo lo que hace que ignoremos en los animales no-humanos las mismas características que le dan sustento a los derechos más básicos de todas las personas humanas, incluidos los infantes y los discapacitados mentales. El especismo es un prejuicio excluyente, virtualmente idéntico al racismo y al sexismo que niega la importancia de las características moralmente relevantes para oprimir a los demás. La única forma de liberarse del especismo es tomar en serio los intereses cruciales de los animales y adoptar el veganismo como un imperativo moral.

Tan ciertamente como los abolicionistas del pasado sabían que ningún hombre o mujer debería ser propiedad de ningún otro, los abolicionistas de hoy saben que el estatus de propiedad de los animales no-humanos impide que ellos puedan recibir derechos o protecciones significantes, mucho menos se les otorgará la libertad de vivir de acuerdo a sus propias necesidades y deseos.

Asumir el veganismo es simplemente la respuesta lógica para comprender la verdad fundamental de que ningún ser sensible, humano o no, debe usarse únicamente como un medio para el placer, la comodidad, o la conveniencia de alguien más.

La extensión del veganismo es la única forma en que los animales no-humanos pueden lograr la obtención de derechos básicos que protejan sus intereses fundamentales, es decir, es la única forma de poner fin a la esclavitud legalmente impuesta, que es la base de la explotación animal.

Página de la publicación: GentleWorld
Publicación original: Legal Slavery in the 21st Century.
Traducción al español por: Victor Manuel RC

 

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